La luz del bombillo que cuelga del techo se lanza contra el vidrio del ataúd. Parece empañado, piensa Aura, y decide tapar con su mano el lugar por donde entraba el aire para respirar.
Aunque no olía muy bien, los invitados se la comieron igual. Al momento del postre, uno de ellos, me preguntó por mi esposa. Yo me llevé la mano a la boca, y él a su barriga
Ella había muerto hace poco, pero el otro día creí verla. Escuché su voz y olí su perfume. Me llamó y me fui con ella. Necesitaba salir de emergencias sin pagar.